Oppenheimer: Un obsequio complejo

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Nolan y el director de fotografía Hoyte van Hoytema, implementaron el sistema de películas IMAX de 70 mm, no sólo para ilustrar el paisaje desértico de Nuevo México, o la magnificencia del fuego en las explosiones, también para conceder profundidad a la imagen, que se percibe abrumadora en los detalles. Primer plano tras primer plano, muestran el rostro del protagonista Cillian Murphy mirando a la distancia media, fuera de la pantalla y, a veces, directamente a la lente, mientras que Oppenheimer se disocia de las interacciones desagradables o se pierde en los recuerdos, las fantasías y las pesadillas despiertas. El trabajo de Nolan es ingenioso: las representaciones recurrentes de llamas, escombros y explosiones, así como imágenes no incendiarias que evocan los desastres personales y terribles de los personajes que se expanden gradualmente, en los que primero ves un atisbo de algo, luego un poco más y finalmente todo.

Sobre la edición de Jennifer Lame, hay que destacar que es prismática e implacable, el salto temporal entre tres períodos de tiempo en segundos, estuvo muy bien logrado. Parece hilada a través de la metáfora del efecto dominó, la que encausa  reacciones en cadena que hace que sucedan otras cosas como resultado. Este principio también se visualiza mediante imágenes repetidas de ondas en el agua, comenzando con el primer plano inicial de las gotas de lluvia que desencadenan círculos en expansión en la superficie que presagian tanto el final de la carrera de Oppenheimer como asesor del gobierno y figura pública como la explosión de la primera bomba nuclear en Los Álamos (que los observadores ven, luego escuchan y finalmente sienten, en todo su terrible impacto). La película habla con frecuencia de uno de los principios de la física cuántica, que sostiene que la observación de fenómenos cuánticos mediante un detector o un instrumento puede cambiar los resultados de este experimento. La edición lo ilustra al replantear constantemente nuestra percepción de un evento para cambiar su significado, y el guión lo hace al agregar nueva información que socava, contradice o amplía nuestro sentido de por qué un personaje hizo algo, o incluso si sabían por qué ellos lo hicieron.

En la trama se afirma que Strauss filtró el archivo del FBI sobre sus asociaciones progresistas y comunistas a un tercero que luego le escribió al director de la oficina, J. Edgar Hoover. La película no indica si cree que esa interpretación es cierta o si se pone más del lado de Oppenheimer y otros que insistieron en que Japón estaba de rodillas en ese punto de la Segunda Guerra Mundial y que eventualmente se habría rendido sin los ataques atómicos que mataron a cientos de miles de civiles. No, esta es una película que se permite las libertades. Hace lo que esperamos que haga: dramatizar la vida de Oppenheimer y otras personas históricamente significativas en su órbita de una manera estéticamente atrevida, al mismo tiempo que permite que todos los personajes y todos los eventos se usen de manera simbólica.

Por otra parte, la banda sonora a cargo de Ludwig Göransson es magistral y voluble, seguramente una de las mejores del año. El crescendo de las pisadas atronadoras, en contraste con la estruendosa serenidad de sus partituras, consolidaron la ambientación perfecta para el transitar de los fotogramas.

Este filme captura con destreza preciosista la característica omnisciente de narrar en tercera persona, e incluso, paradójicamente el proceso mental de leer un texto y responder a él emocional y visceralmente, así como intelectualmente. La mente permanece anclada al texto. Pero también salta fuera de él, conectando el texto con otros textos, con el conocimiento externo y con la propia experiencia e imaginación. Finalmente, respecto a la duración del metraje puedo decir que la construcción de las escenas complementan las discusiones teóricas sobre el cómo y el porqué de la personalidad individual y colectiva. En mayor o menor grado, todos los personajes comparecen ante un tribunal y rinden cuentas de sus contradicciones, hipocresías y pecados. El tribunal está afuera en la oscuridad, en otras palabras, nos han dado la información, pero no nos han dicho qué decidir, que es como debe ser.

La película ostenta una especie de ingenuidad masoquista, olvidando la lección clave de la revolución en la que estaba en el centro: que los seres humanos siempre estarán a merced de lo que la ciencia hace posible. Definitivamente, este metraje se eleva a la altura de un obsequio por parte de Nolan, tiernamente complejo y detallista.

9.5/ 10.

One response to “Oppenheimer: Un obsequio complejo”

  1. Juana Mejía Avatar
    Juana Mejía

    Escribes como los dioses. Excelente reseña.

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