
La película retrata una oligarquía de Barbie poblada por muñecas de todo tipo: la presidenta, la médica, la física, diplomática, e incluso, la barbie rara. Barbie Land ha erradicado las locuras y debilidades de la sociedad; sus habitantes creen que el mundo real es igualmente utópico, construido a su imagen. Barbie, en este sentido, es extremadamente espaciosa. Su alcance es tan abundante que el filme a menudo sacrifica el mayor talento de Gerwig: observar y replicar la disfunción humana, sin embargo, intentó compensar con los espléndidos homenajes visuales Stanley Kubrick, Vicente Minelli, Jacques Tati, Victor Fleming, Jerry Lewis, John Badham, y Jacques Demy, cuidadosamente seleccionados y coherentes en ejecución.
El metraje está dirigido a un público general, con buenos chistes, banda sonora refrescante y un monólogo bien sustentado que suena como el mejor manifiesto feminista -para dummies-; lo que se comprueba en el cuidado y la atención al detalle de Gerwig, lo que le da a Barbie un punto de vista real, elevándolo más allá de cualquier otra apropiación cínica de efectivo impulsada por la propiedad intelectual.
Empero, la cinta no puede sostener demandas argumentales tan intensas, por lo desenfocados que están sus objetivos, esto se debe a que la adaptación nos presenta una película para niños que exagera sus travesuras y sus payasadas. Es una metacomedia para adultos sobre el peso del feminismo, con algunas líneas desechables sobre el Snyder Cut y Stephen Malkmus en buena medida.

Barbie es una película divertida, que hace lo que puede con lo que tiene. Fue un reto enorme lograr la incorporación de Mattel al guión. Es evidente la intencionalidad del posicionamiento de la marca, y lo hicieron de manera ingeniosa: apelaron a la visión de Ruth Handler y la mostraron con dulzura(i), la presentación de la gama iterativa de productos para conectar y capturar diferentes minorías(ii), la deliciosa esencia Camp en todo su exceso estético y hegemonía fucsia(iii), y por supuesto, la encarnación en Will Ferrell(iv). Todos estos elementos son maravillosos, pero al editarlos a conveniencia del marketing positivo de Mattel, Gerwig está muy limitada, los parámetros comerciales son rígidos, y por eso explotó al máximo la escenografía y el diseño de vestuario para crear un universo satírico y precioso en donde el discurso feminista sostiene la paz mundial y condena al consumismo, obviamente, desde la perspectiva más family friendly posible.
7.0/10.
Leave a reply to Mati Callieri Cancel reply